ETA echa el cierre definitivo a una historia negra de 52 años de terrorismo, 829 asesinatos y miles de heridos. Punto y final. La organización terrorista, derrotada y más débil que nunca, hizo el anuncio más esperado de las últimas décadas de la historia de España: el "cese definitivo de su actividad armada" sin que medie ninguna contrapartida. Aunque los encapuchados no comunicaron la desaparición oficial ni la disolución ni el desarme de la organización, por primera vez los pistoleros no ponen condiciones ni amenazas. Lo dejan porque -argumentan- es "tiempo de mirar al futuro con esperanza". "Frente a la violencia y la represión, el diálogo y el acuerdo deben caracterizar el nuevo ciclo", dicen con un lenguaje desconocido en sus escritos.
336 palabras exactas que firman el epílogo de la última organización terrorista activa en Europa y que fueron celebradas, con algunas excepciones, por todos los agentes políticos y sociales. José Luis Rodríguez Zapatero habló de "victoria de la democracia, la ley y la razón". Mariano Rajoy reconoció el "paso definitivo" de la banda, sin que hayan mediado "ningún tipo de concesión política". Alfredo Pérez Rubalcaba llamó a "celebrar la gran victoria de la democracia". La voz más crítica vino de las víctimas del terrorismo, que vieron en el anuncio un "teatro" y lamentaron que los terroristas no anuncien su desaparición definitiva y no pidan perdón.
El esperadísimo comunicado llegó a través de un vídeo remitido simultáneamente a los diarios Gara y Berria y a la cadena BBC británica a las siete de la tarde. Con una terminología mucho menos dura que en anteriores comunicados, en castellano y en euskera, tres encapuchados, se comprometieron en nombre de ETA a no volver a retomar las armas jamás como prueba de su "compromiso claro, firme y definitivo" para la "superación de la confrontación armada".
Eso sí, hacen un "llamamiento", no una exigencia, a los Gobiernos de España y Francia para que abran "un proceso de diálogo directo" con la organización para analizar las "consecuencias de la confrontación armada", un eufemismo con el que la banda se suele referir al futuro sus más de 700 presos y de las decenas de huidos en el extranjero, principalmente en Sudamérica y suelo galo.
ETA no habla de su disolución -nadie lo esperaba-, no menciona su desarme, ni obviamente usa el término rendición, pero para todos los responsables de la lucha antiterrorista el comunicado es lo más cercano a esos términos que puede salir de la boca de los activistas y recuerdan que tampoco el IRA irlandés nunca ha declarado oficialmente su fin. Esos mismos expertos destacan que la contundencia del comunicado parece descartar posibles escisiones o que sectores minoritarios puedan seguir la lucha armada.La banda, que hasta ahora había considerado la autodeterminación de Euskadi como condición sine qua non para desaparecer, no supedita a nada su abandono de las armas y en ningún momento insinúa la posibilidad de retomar la senda de la violencia si no se cumplen sus expectativas. Los encapuchados, es cierto, apuntan "la necesidad de un reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad popular", pero no reclaman expresamente el famoso referéndum. Tampoco hacen mención explícita a la anexión de Navarra ni a las tres provincias vasco-francesas, olvidando así otra de sus reclamaciones históricas, aunque su alusión a Euskal Herria pudiera entenderse así.
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